Rodríguez Cruz: Ministro saldría airoso contra coronavirus, si suma voluntades y crea equipos de trabajo

El profesor Héctor Rodríguez Cruz, psicólogo y filósofo, le expresó al ministro de Salud, doctor Rafael Sánchez Cárdenas, que puede salir airoso en la lucha para prevenir y contener el coronavirus, si suma todas las voluntades, si crea y fomenta equipos de trabajo, y siempre que el Gobierno se lo permita.

En una carta dirigiga al funcionario, el reconocido académico dice que para que la lucha contra el coronavirus resulte exitosa, es necesario que el Gobierno le dé poder y recursos al ministro de Salud, y no utilice la situación para hacer política y buscar votos para las próximas elecciones.

«Ministro, a usted capacidad le sobra. Sus 15 años practicando la medicina en varios hospitales y clínicas privadas. Su labor y su experiencia como profesor de Medicina Social y Comunitaria en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) por cinco años, así como su  maestría en Economía Aplicada, lo convierten en el mejor candidato para conducir la nave en este mar revuelto del COVID-19, que nos arrebata vidas, sueños, proyectos y futuros», precisa el profesor Rodríguez Cruz.

Asimismo, le advierte al ministro Sánchez Cárdenas que si su gobierno o alguien le dijeran que están teniendo éxito en el manejo del COVID-19, y todo está bajo control, no debe creerlo ni lo diga, porque no es cierto.

«Las muertes siguen aumentando. Y también el número de los infectados y de los médicos y enfermaras contaminados y muertos. La cuarentena, el distanciamiento social, el toque de queda y sus apresados sólo suman más dolor y  más incertidumbre a la pandemia. Urge aplicar pruebas masivas y procesarlas a tiempo. Detengamos las muertes. Salvemos vidas. El COVID-19 nos está ganado la batalla. Sea más médico. Y sólo después, sea Ministro. ¡Ministro es el  que sirve!», expresa el profesor Héctor Rodríguez Cruz.

A continuación la carta:

Doctor

Rafael Sánchez  Cárdenas

Ministro de Salud Pública y Asistencia Social.

Señor Ministro.

Permítame entrar a su despacho mediante esta carta para compartir con usted mis profundas angustias y preocupaciones por la tendencia progresiva del COVID-19 en todos los rincones del país. Espero que usted tenga la paciencia para leerla dos veces. Comienzo por decirle que si tuviera que elegir entre ser su amigo o su enemigo, optaría por lo primero. Tengo razones para ello. He hablado con usted unas cuatro veces y en todas ellas usted ha sido amable y prójimo conmigo. La primera, siendo usted viceministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, sin conocerlo, llamé a su despacho y me tomó la llamada. Necesitaba unos datos y usted generosamente  me los envió media hora después con su chofer.

La segunda  fue en la UCI de una clínica privada donde un amigo común se debatía entre la vida y la muerte. Allí hablamos y compartimos la pena de la  situación de salud de un gran amigo que casi que se nos iba. La tercera, fue en el funeral del mismo amigo. Al final de aquel acto de despedida nos abrazamos y compartimos el dolor como testigos de aquella separación.

La última fue  ya siendo usted Ministro de Salud. Nos encontramos en el palacio de gobierno en la apertura del Foro Nacional para la Fortificación del Arroz, organizado por el Ministerio de Salud y la Vicepresidencia de la República con el acompañamiento del Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Instituto de Nutrición de Centroamérica, Panamá y República Dominicana (INCAP), y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Allí usted tuvo la gentileza de saludarme cordialmente.

Ministro, hoy en medio del dolor de la nación por las profundas heridas del COVID. 19  le hablo por quinta vez. Nos encontramos de nuevo en un diálogo lejano sentados en puesto diferentes. Persiguiendo la verdad y las soluciones con diferentes tonos y diferente mirada. Con pasiones aparentemente opuestas y por caminos aparentemente diferentes  defendemos las mismas vidas y, quizá, compartimos los mismos llantos silentes por las muchas muertes que le duelen a muchos. A usted, como médico y a mí, como un simple llorador de nuestros muertos.

A usted le  ha tocado ser Ministro de Salud Pública en tiempos  muy trágicos para asumir la responsabilidad pública de hacer frente a la tragedia sanitaria más grande y lacerante de toda la historia de nuestro país.  A usted le ha tocado, con sus aciertos y desaciertos, tomar el liderazgo en esta pandemia. Ministro, en esta lucha sin tregua usted luce un guerrero cansado,  herido y abandonado por su gobierno en medio del campo de batalla. Eso parece.

Ministro,  usted ha sabido dar la cara en estos momentos tanáticos cuando otros de su gobierno la esconden. Responder con verdades lastimosas pero curadoras cuando su gobierno dice otras que en nada reconfortan. Le ha tocado sufrir de cerca como médico, como ciudadano y como padre el dolor de millones de dominicanos cuando otros de su gobierno lo miran de lejos  desde sus aposentos perfumados con mascarillas que esconden su descaro. Ministro, a usted le ha tocado contar cada mañana nuestros  muertos y los vivos perseguidos por la muerte. ¡Cada boletín nos duele!

Ministro, a pesar de las muchas tareas, medidas y promesas que deben revisarse y mejorarse, que exigen nuevas visiones, más recursos y  estrategias más inclusivas y efectivas de previsión y control del COVID-19, usted ha dado muestras de valentía cívica, ética y profesional. Por eso Ministro, usted no califica para ser cancelado ni para renunciar.  No permita que suceda lo uno ni lo otro. De corazón, usted no se lo merece.

Ministro, creo que en algunos momentos usted sentirá miedo. El miedo de aquellos a los que se les cansan los brazos y el corazón por cargar en sus hombros  el miedo de los otros. Ministro, no asuma el combate contra el COVID-19 usted solo. Es una lucha de todos. Facilítela. Motívela. Humanícela. Comparta la verdad haciéndola de todos. Y escuche a los demás ¡También a nosotros nos visita en las noches la verdad y la compasión!

Ministro, déjese acompañar. Déjese ayudar. Escuche al Colegio Médico y a otras asociaciones profesionales civiles y comunitarias. Escuche a los empresarios, a los partidos, a las universidades, a las iglesias.  Escuche a los que sufren. Dele vida a las Comisiones. Respételas. No se pelee con los que tenemos un oído más sensible al grito de los que sufren y de los que mueren. Ministro, grite con nosotros. Grítele a su gobierno y comparta sus gritos con todos los  dominicanos. Haga suyos los dolores del pueblo sin ponerle banderas. ¡Grítele al Presidente! ¡Grítele a los legisladores¡ ¡Gritele a la OPS! Reduzca las estadísticas de las muertes. Ojalá que en el palacio escuchen sus gritos. Es su responsabilidad y su deber hacerlo. Y hacerlo a tiempo para ganarle la batalla al COVID-19.

Ministro, usted puede hacerlo bien si suma todas las voluntades. Si crea y fomenta equipos. Y si su gobierno se lo permite. Y si lo apoya. Y si le da poder y recursos, haciendo la pandemia menos palaciega y menos del gobierno. Si no la politiza buscando votos para las elecciones venideras. Ministro, a usted capacidad le sobra. Sus 15 años practicando la medicina en varios hospitales y clínicas privadas. Su labor y su experiencia como profesor de Medicina Social y Comunitaria en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) por cinco años, así como su  maestría en Economía Aplicada, lo convierten en el mejor candidato para conducir la nave en este mar revuelto del COVID-19, que nos arrebata vidas, sueños, proyectos y futuros.

Ministro, finalmente, si su gobierno o alguien le dijeran que están teniendo éxito en el manejo del COVID-19. Que todo está bajo control. No se lo crea. No lo diga.  Porque no es cierto. Las muertes siguen aumentando. Y también el número de los infectados y de los médicos y enfermaras contaminados y muertos. La cuarentena, el distanciamiento social, el toque de queda y sus apresados sólo suman más dolor y  más incertidumbre a la pandemia. Urge aplicar pruebas masivas y procesarlas a tiempo. Detengamos las muertes. Salvemos vidas. El COVID-19 nos está ganado la batalla.

Sea más médico. Y sólo después, sea Ministro. ¡Ministro es el  que sirve!

Un abrazo.

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